martes, 22 de marzo de 2011

Editorial Ysuca - El derecho a la verdad


            Recientemente el Consejo de Derechos Humanos de la ONU acordó declarar el 24 de Marzo, en homenaje a Mons. Romero, como el “Día Internacional por el Derecho a la Verdad acerca de las graves Violaciones de los Derechos Humanos y la Dignidad de las Víctimas”. Es indudable que la fuerza de Mons Romero trasciende cada vez más nuestras fronteras. Y también es evidente que en El Salvador nos quedamos pequeñitos a su lado. El odio a la verdad del partido ARENA fue muy claro a lo largo de sus 20 años de gobierno. Y el Frente, aunque es bastante más abierto que ARENA en el tema de las víctimas, también se queda diminuto al lado de Romero. El miedo a la Verdad sigue siendo una constante en el Gobierno del Frente.

            Y sin embargo, aun con el odio de unos y el miedo de otros, la verdad sigue siendo una fuerza permanente que brilla más cuanto más se trata de empañarla o encubrirla. Si no se hace patente dentro de nuestras fronteras, estalla fuera de ellas. Si por arriba se tapa con frases bonitas y aparentemente bien intencionadas, por abajo, desde los humildes y sencillos, se desvela con una fuerte luz. Una luz a veces hiriente para los ojos de los “bienvivientes” y de quienes quieren ver exclusivamente el vaso medio lleno.

            En El Salvador necesitamos más verdad. Estamos preocupados por si la posible declaración de inconstitucionalidad del artículo 191 puede penalizar la crítica periodística. Pero no nos preocupamos tanto por el poco acceso a la verdad sobre nuestro propio país y sus problemas. Ese famoso artículo, en realidad tan reciente, no fue obstáculo en el pasado para la libertad de prensa ni para la libertad de opinión. Las dificultades a la libertad de información vienen con más frecuencia de las políticas informativas de los propios medios y las presiones de los grupos de poder en torno a lo que se puede decir y lo que no se puede decir. Sin embargo, las críticas a la posible anulación constitucional del artículo 191 podrían hacer suponer que en El Salvador sólo hay libertad de Prensa desde la última reforma del mismo hace muy pocos años. Es una discusión que da risa. Igual que las discusiones en primera página sobre las cachiporristas, como si ese fuera un problema de cultura nacional clave. La salud de Manyula hoy, o la muerte del hipopótamo Alfredito en su momento, tienen con frecuencia mayor relevancia mediática que el hambre actual de más del diez por ciento de la población salvadoreña, o que los intentos, siempre sofrenados y reprimidos, de hacer verdad frente a las graves violaciones de los Derechos humanos de nuestro pasado.

            Hacer verdad es una tarea de ayer y de hoy. Sólo quienes aceptan y conocen bien su pasado son capaces de construir y planificar bien su futuro. Profeta de la Verdad le hemos llamado repetidas veces a Romero. Y así ha sido reconocido internacionalmente por muchas personalidades e instituciones, y ahora por la propia instancia de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. Esta designación del día 24 de Marzo no ocupó primeras planas de la mayoría de los periódicos ni fue primera noticia en los noticieros televisados. Y la razón de fondo es que la verdad básica sobre nuestra propia realidad humana dividida, desigual y emproblemada, está disimulada, dominada y encadenada por intereses de grupos demasiado pequeños y demasiado poderosos al mismo tiempo
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            Liberar la verdad, hacer verdad, construir los cimientos de un nuevo El Salvador sobre el conocimiento de nuestra propia verdad es imprescindible tanto para el desarrollo social y económico como para el fortalecimiento de nuestra débil democracia. El propio gobierno debe recordarlo y no dedicarse a poner reparos a la ley de acceso a la información. Abandonar el miedo a la verdad sigue siendo también una palabra de Monseñor Romero.