miércoles, 2 de junio de 2010

Romero: hombre, sacerdote y pastor

Libro revela la profunda fe del Arzobispo asesinado

El Diario de Hoy
Domingo, 21 de Marzo de 2010
SEGUNDA ENTREGA

El proceso de beatificación y canonización de monseñor Óscar Arnulfo Romero tendrá que esperar un ambiente de mayor concordia en el país. La razón: su santificación no debe generar división, sino unidad. Esto es así, como también lo es que el banderazo para continuar con la beatificación depende de la Conferencia Episcopal local, que debe avalar de manera contundente que la sociedad está preparada para elevarlo a los altares.

Este proceso pasa, por una parte, por la decisión de los obispos salvadoreños que tienen que declararlo en una misiva y que será enviada en su momento al Vaticano, pero, por otro lado y mientras tanto, la imagen de Romero no sea utilizada para fines políticos e ideológicos que atrasen aún más la beatificación.
"Con todo respeto, hacemos el pedido y lo seguimos pidiendo que la figura de monseñor Romero no sea una figura manipulada, politizada, instrumentalizada, sino, al contrario, una figura sumamente respetada, precisamente por el proceso que se está llevando a cabo", dijo ayer el Arzobispo de San Salvador, José Luis Escobar.
Según el Arzobispo Metropolitano, "ojalá que cada vez la sociedad salvadoreña se unifique más y vea en la persona de monseñor Romero un santo a quien respetar y venerar".

En este contexto y con motivo del trigésimo aniversario del asesinato del Arzobispo Romero, uno de los estudiosos más avezados, monseñor Jesús Delgado, ha publicado un nuevo libro titulado "Así tenía que morir, Sacerdote", donde se recoge, a partir de las fichas elaboradas en su juventud por Romero, la fineza de espíritu que se fue forjando en torno a su fundamental vocación: ser un sacerdote de Jesucristo.
"Es a la luz de Romero sacerdote, entregado al pueblo de Dios, a su Iglesia, bajo la guía de Jesús Sacramentado, la Virgen María, es como debe entenderse la vida de este arzobispo", sostiene monseñor Delgado.
Incluso, los tres últimos años de la vida de Romero como Arzobispo de San Salvador, que fueron sumamente complejos y polémicos, deben ser evaluados desde la perspectiva de su sacerdocio, plantea monseñor Delgado, quien, además de haber estudiado la vida de Romero, recogido gran parte de sus escritos y ser postulador del proceso de beatificación, también fue secretario y trabajó muy de cerca con el Arzobispo Romero.

A partir de este libro, expondremos unos pincelazos de la vida espiritual de monseñor Romero, así como reevaluaremos algunos hechos que movieron al Arzobispo asesinado a actuar, lejos de las visiones politizadas e ideologizadas entendidas solamente por la clave de la izquierda cuando en realidad se trataba de cuestiones muchos más complejas, vistas por la conciencia profundamente de un religioso, creyente en Cristo.
ROMERO SACERDOTE
"En este pequeño volumen, monseñor Delgado ha sabido plasmar, escrutando el Diario Espiritual de monseñor Romero y de sus notas de estudiante en el Pontificio Colegio Pío Latinoamericano (en Roma, Italia) para ofrecer a la Santísima Trinidad, la existencia terrena de Siervo de Dios con sus luchas en la búsqueda de la santidad, rica en matices sacerdotales que nos descubren la profundidad enorme de su vida, de su interioridad, de su espíritu de unión con Dios, raíz, fuente y cumbre de su existencia", dice en la presentación del libro otro de los postulantes de la causa de Romero, monseñor Rafael Urrutia.
Y es que la vida de un pastor, de un hombre de fe, de un arzobispo como lo fue Romero, no se agota en la dimensión social y política, sobre todo cuando al hablar de un período de la historia reciente de El Salvador, llena de contradicciones y oscuridades propias de la crisis, el conflicto y la radicalidad de izquierda y derecha.

El mismo Delgado, en la dedicatoria del libro, dice: "Las palabras y pensamientos que aquí recogemos de la pluma y de la boca de monseñor Romero nos ayudarán a comprender cómo él vio y vivió su sacerdocio, el sacerdocio que Jesucristo comparte con cada uno de los llamados por Él".
Como todas las personas, sobre todo las que sobresalen, la vocación de Romero se va forjando "en el complejo tejido de su personalidad… tenía una salud enfermiza, afectos sin resolver desde su enfermedad precoz, cierta inseguridad síquica; enormes cualidades, inteligencia analítica; un intenso amor a la Virgen María; una total obediencia al magisterio de los Papas. Ambas, devoción a María y sentir con la Iglesia, unidas a su firmeza en la fe, compensaban la inseguridad que le venía de su afecto febril", plantea apretadamente Delgado.

Como todo joven, arrancado desde muy pequeño de su familia, en su natal Ciudad Barrios, San Miguel, se formó en los seminarios y luego estudió en Roma en la época preconciliar su vida espiritual, abierta a la de sus superiores; siempre bregó entre una fe profunda en Dios, en Jesucristo y la Virgen María y las prácticas piadosas como el Rosario, la visita al Santísimo, la confesión periódica. Incluso, como lo muestran los documentos que recogen su vida interior, aun en el momento de asumir el Arzobispado de San Salvador, las siguió practicando continuamente.