miércoles, 2 de junio de 2010

La última homilía, su respuesta a militares

» No buscaba provocar insubordinación general

El Diario de Hoy
Domingo, 21 de Marzo de 2010

La última parte de la homilía, casualmente de su última homilía, pronunciada el 23 de marzo de 1980, un día antes de ser asesinado, no constituye un llamado de Monseñor Óscar Romero a la subversión de la Fuerza Armada, sino que dio una respuesta a un grupo de militares que le hizo una petición de no seguir matando a diestro y siniestro a militantes de las organizaciones de izquierda ligadas a la incipiente guerrilla.

Colaboradores de Romero de entonces interpretan aquella homilía, que fue discutida y analizada un día antes tal como lo revelan diversas fuentes, que no buscaba subvertir el orden institucional del Ejército, menos del Estado. Más bien dio respuesta a una problemática particular.
Monseñor Jesús Delgado explicó que 20 días antes de su muerte, el Arzobispo Romero recibió una carta de un grupo de militares, según se plasmaba en la misma eran 250, en la cual le pedían intercediera por ellos ante sus superiores para que no siguieran dando órdenes para cometer más homicidios.

"Nosotros hemos hecho todo lo posible para decirles a nuestros jefes que no nos ordenen matar a nuestros hermanos, porque del otro lado hay hermanos nuestros de sangre, padre, hermanos, familia, y el tener que matarlos es para nosotros doloroso. Monseñor, se lo hemos dicho y no nos hacen caso, por favor intervenga usted", reseñó monseñor Delgado a El Diario de Hoy.
El prelado aseguró que Monseñor Romero pidió una entrevista con el superior castrense, cuya identidad no reveló, y éste fue a verlo.

"Sí, cómo no. Monseñor, con gusto, tiene razón... dénos la lista de esos soldados para poder hacer algo, le dijo el militar... pero él le dijo que no podía darle esa lista. Al final, Monseñor dijo que no le habían hecho caso", relató Delgado.
Fue por eso que en la última homilía dijo: "Les ordeno, no ordenen a su gente a matar a sus propios hermanos y ustedes obedezcan más a la voz de Dios que a la voz de su jefes". Delgado aseguró que Monseñor Romero le estaba hablando a ese grupo de muchachos pero que le interpretaron que era un clamor a la insubordinación.
"Ese es un caso bien peculiar, como tenía un sentido pastoral de las cosas, el que escuchaba creía que él estaba haciendo propaganda política", dijo.

EL ÚLTIMO RUEGO

Esta es la última parte de dicha homilía: "Yo quisiera hacer un llamamiento de manera especial a los hombres del Ejército, y en concreto a las bases de la Guardia Nacional, de la Policía, de los cuarteles. Hermanos, son de nuestro mismo pueblo, matan a sus mismos hermanos campesinos y ante una orden de matar que dé un hombre, debe prevalecer la Ley de Dios que dice: No matar... ningún soldado está obligado a obedecer una orden contra la Ley de Dios... una ley inmoral, nadie tiene que cumplirla... ya es tiempo de que recuperen su conciencia y que obedezcan antes a su conciencia que a la orden del pecado... la Iglesia, defensora de los derechos de Dios, de la Ley de Dios, de la dignidad humana, de la persona, no puede quedarse callada ante tanta abominación. Queremos que el Gobierno tome en serio que de nada sirven las reformas si van teñidas con tanta sangre... en nombre de Dios, pues, y en nombre de este sufrido pueblo cuyos lamentos suben hasta el cielo cada día más tumultuosos, les suplico, les ruego, les ordeno en nombre de Dios: ¡Cese la represión ...!".

Un día después de aquellas palabras, cuando oficiaba una misa en la capilla del hospitalito de la Divina Providencia, situado en la colonia Miramonte, Monseñor Óscar Arnulfo Romero fue asesinado por un francotirador.