martes, 22 de marzo de 2011

Monseñor Romero y su exhortación a denunciar todo abuso e injusticia


El padre Pedro García oficia la misa en la cripta de catedral. Foto Diario Co Latino/Rosa Campos

Alma Vilches
Redacción Diario Co Latino  

Vivir fieles a las propias convicciones en un mundo donde se expresen y denuncien abiertamente las injusticias, idolatrías, el materialismo y la búsqueda de las cosas fáciles de la tierra, fue la exhortación durante la misa dominical celebrada en la Cripta de Catedral Metropolitana.

El sacerdote Pedro García dijo que la sociedad debe hacer un esfuerzo por no ser idolatra del dinero, del poder y de las cosas de la tierra, sino ser fiel a las normas de justicia y solidaridad; a la vez se refirió al pasaje bíblico de las bienaventuranzas donde explica que en la gente pobre y humilde está la felicidad.

“La pobreza no puede ser sólo en el sentido económico, la avaricia puede hacer víctimas tanto en la clase desposeída como en los ricos, porque tienen el corazón apegado a la avaricia que en ambos casos hace suscitar acciones de materialismo sofocante”, comentó el padre García.

En la celebración eucarística se hizo referencia a la homilía de Monseñor Romero, que el 29 de enero de 1978 hizo un llamado a la población a liberarse de los pecados del mundo como el egoísmo, el orgullo, la vanidad, entre otros.

 “Es legítimo el deseo de lo necesario y el trabajar para conseguirlo, es un deber; pero la adquisición de los bienes temporales puede conducir a la codicia, al deseo de tener cada vez más y a la tentación de acrecentar el propio poder. La avaricia de las personas, de las familias y de las naciones puede apoderarse lo mismo de los más desprovistos que de los más ricos», afirmó Monseñor Romero.

También señaló que ante esta situación, los corazones se endurecen, los hombres ya no se unen por amistad sino por interés, que pronto les hace oponerse unos a otros y desunirse, por lo cual la búsqueda exclusiva del poseer, se convierte en un obstáculo para el crecimiento del ser y se opone a su verdadera grandeza.

Romero reiteró que pobre es aquel que no tiene confianza en sí mismo, porque hay un sentimiento de incapacidad e inseguridad; sin embargo, el rico es quien lucha por la comodidad de él y su familia, pero con un corazón abierto a la esperanza y amor al servicio de los demás.