martes, 22 de marzo de 2011

Monseñor Romero y el llamado a superar el odio y la violencia

David Pérez
Redacción Diario Co Latino

Sufrimientos, odio y rencores entre las personas no son dignos de su condición de humanos. Esta es la conclusión a la que llegó, después de tantos años de vida pastoral, Monseñor Óscar Arnulfo Romero, cuya vida y testimonio son claros ejemplos de que la humanidad, por naturaleza, es amorosa y compasiva.

 Para Monseñor Romero, hombres y mujeres tenemos el don de sana agresividad, es decir, aquella capacidad utilizada para sobrevivir a las circunstancias del medio que nos rodea, transformar naturaleza para consumir sus productos y superarnos en el sendero de la vida. Esto lo hacemos por medio de la inteligencia sensible.
 “Todo hombre tiene un potencial de sana agresividad con que la naturaleza lo ha dotado, para superar todos los obstáculos de la vida”, razonó Monseñor Romero.
En dicho sentido, la crueldad y la agresión  encuentran su esplendor en la máxima mesopotámica: “ojo por ojo, diente por diente”, la que describe pagar con saña lo que con saña se recibe. Monseñor Romero, exhortó a superar esto.
 Gracias a dicha energía, el hombre es capaz de cambiar la sociedad, de transformarla a nuevos estados, de crear un nuevo hombre que deje atrás sus miedos de vivir en armonía y paz. “El hombre tiene audacia, no tiene miedo a los riesgos”, dijo Monseñor Mártir.
 Para Fredy Sandoval, sacerdote oficiante de la homilía  en la Cripta, de la Catedral Metropolitana, el mensaje de Arnulfo Romero es clave para aliviar los problemas que atraviesa El Salvador, siempre y cuando se les enseñe a las generaciones actuales a utilizar positivamente su energía.
 “Si queremos hacer honor a Monseñor Romero aprendamos a valorar y a promover en la niñez y en la juventud su agresividad, es decir, su energía, su vitalidad su dinamismo”, manifestó Sandoval.
 Asimismo, Monseñor Romero puntualizó que esto solo se puede lograr descubriendo la raíz de todos los males de la sociedad. Mientras esto no se haga, cambiarán las víctimas y los victimarios, pero el mundo vivirá en círculos.
 “Cambiarán los nombres de las víctimas y los victimarios, pero habrá siempre violencia mientras no lleguemos a la raíz que está brotando como una fuente segunda esas masacres, esos atropellos, esos asesinatos”, expresó Romero.
 Para el Arzobispo Romero, la superación de los problemas humanos se encuentra en las personas mismas, en la búsqueda incesante de su esencia.