sábado, 22 de mayo de 2010

El Salvador: Romero, el hombre y el mito

Última actualización: martes, 23 de marzo de 2010 - 14:52 GMT

Julián Miglierini
Enviado especial de BBC a El Salvador
Pese a que el Vaticano aún no lo ha beatificado, muchos llaman a Oscar Romero "El Santo de América".
Es que el legado del Arzobispo de San Salvador, asesinado mientras celebraba una misa hace exactamente treinta años este miércoles, parece reforzarse con el paso de los años - y en ningún lugar esto es tan evidente como en El Salvador, donde su nombre, rostro y prédica son omnipresentes.
"Lo que hizo su asesino fue lograr que tres generaciones sigan pensando en él (en Romero)".
Omnionn, miembro de la banda de hip hop Pescozada.
Pero la historia de Romero -y su trágico final- son también un recordatorio amargo de los años violentos por los que pasaba este país en su época.
Su muerte y los violentos choques durante su funeral en la plaza principal de San Salvador despertaron el repudio de la comunidad internacional y avergonzaron al gobierno de Estados Unidos, que en ese momento era visto como un aliado del gobierno de derecha salvadoreño.
Pero, más que nada, confirmó lo que muchos -incluido el mismo Romero- temían: que el país había comenzado a transitar de manera inevitable el camino de la violencia, que en la siguiente década dejaría más de 70.000 víctimas.
Durante sus tres años como Arzobispo, Romero pidió insistentemente el fin de esa violencia y defendió el derecho de los más pobres de El Salvador de organizarse para pedir cambio.
Eso lo hizo un enemigo de la oligarquía que controlaba el país en ese entonces, y también lo enfrentó con partes de su propia Iglesia Católica.
"El Arzobispo Romero era la persona más amada y más odiada de este país", Ricardo Urioste, asistente personal de Romero, le dijo a BBC Mundo. "Y como Jesús, fue crucificado".
clic ¿Qué representa Monseñor Romero?
Años de violencia
Ejecuciones sumarias, secuestros, desapariciones y torturas eran moneda corriente en El Salvador de fines de los años 70.
La frase "Haga patria, mate a un cura" estaba escrita en muchas paredes del país, indicando que los prelados católicos que apoyaban la insurgencia campesina eran también un objetivo para los escuadrones de la muerte que aterrorizaban el país.
Muchos creen que fue uno de esos escuadrones el que llevó a cabo el asesinato de Romero, que nunca fue investigado de manera apropiada por la justicia salvadoreña.
Y otros varios creen que el coronel Roberto D'Aubuisson, un líder militar que fue entrenado en la Escuela de las Américas en Estados Unidos, fue el autor intelectual del asesinato de Romero.
Entre esos está Marissa, una hermana del propio D'Aubuisson.
"Creo que es muy probable, demasiado probable. Mi hermano y el grupo de gente que lo rodeaba dijeron públicamente que Romero estaba destruyendo la iglesia con sus sermones llenos de odio", le dijo a BBC Mundo.
En sus homilías dominicales, trasmitidas por radio a todo el país, Romero mencionaba los abusos ocurridos en la semana a manos de las fuerzas de seguridad.
"En todas las casas se escuchaba su homilía. Gente común, como trabajadores, pero también las autoridades -los militares, el presidente, los políticos."
Carlos Ayala, periodista que entonces era seminarista.
"En todas las casas se escuchaba su homilía. Gente común, como trabajadores, pero también las autoridades -los militares, el presidente, los políticos", recuerda Carlos Ayala, un periodista que en ese momentos era seminarista.
En un país donde no existía la verdadera libertad de expresión, asegura Ayala, "estas transmisiones eran la forma de saber lo que estaba pasando de verdad".
Bendición
A través de estas transmisiones y sus visitas pastorales, Romero alcanzó a personas en los rincones más remotos de El Salvador; muchas de ellas lo recuerdan vívidamente.
Irma es viuda, madre de tres niños, que ahora vive en un suburbio pobre de El Salvador pero creció en Los Sitios Arriba, un pequeño caserío en una de las zonas más pobres en el norte del país.
Cuando Irma tenía seis años, Romero visitó el pueblo y se tomó una fotografía con Irma y su primo, en una imagen que se ha transformado en una de las más icónicas de la época de Romero como Arzobispo.
Sentada a pocos metros de la iglesia donde esa foto fue tomada, Irma recuerda el momento con cariño.
"Mi abuela me llevó a la misa con Monseñor Romero. Y me dijo que lo salude, me acerqué, y me tomó en sus brazos", dice Irma. "Para mí ese fue un momento muy especial, una bendición de Dios y de Monseñor Romero".
Su adoración por Romero no ha cambiado en estos treinta años.
"Él llenó nuestos corazones de fe, y de fuerza para creer más en Dios".
¿Ícono comercial?
La capilla en la que Romero fue asesinado permanece casi intacta; sirve, como en ese entonces, como el lugar de oración para los pacientes de un hospital de enfermos de cáncer.
El Salvador como país sí ha cambiado.
Sin embargo, el desarrollo económico y los avances democráticos se ven contrastados por la violencia que azota al país con las "maras", las pandillas callejeras que muchos ven como herederas de la violencia de los años de guerra civil en el país.
La composición económica del país también se ha modificado: como en otros países de la región, se ha producido un significativo éxodo de fieles católicos a iglesias evangélicas protestantes.
Según un estudio de la Universidad Centroamericana, más del 38% de los salvadoreños hoy pertenecen a una de estas iglesias, que así han duplicado su presencia en sólo 11 años.
Lo que diría Oscar Romero de este éxodo es imposible saber. Pero su figura, hoy, va más allá de la religión e, incluso, se acerca a lo comercial.
Omnionn es miembro de Pescozada, una banda de hip hop salvadoreña que ha dedicado una canción, titulada "La Voz de los Fuertes", a Romero.
Según él, la omnipresencia de la figura de Romero en El Salvador -en camisetas, murales y también canciones de hip hop- demuestran que el intento de silenciarlo fracasó.
"Lo que hizo su asesino fue lograr que tres generaciones sigan pensando en él", dice Omnionn.
Esto parece reflejar la predicción que Romero mismo hizo sobre su futuro antes de su muerte.
Si me matan, dijo casi proféticamente, "resucitaré en el pueblo salvadoreño".