sábado, 26 de marzo de 2011

Actividad sobre Monseñor Romero en la India

El día 23 de marzo de 2011, Claudia Romero Duarte, Aida Zelaya y su servidora entregamos nuestras
reflexiones alrededor del país en tiempos de Monseñor, y dimos sus datos cronológicos acompañados
de trozos de video con las imágenes y voz de nuestro Pastor, para que el publico indio pudiera apreciar
mejor el significado que tuvo y tiene para el pueblo salvadoreño y para el mundo entero.

La actividad fue programada por el Dr. Anil K. Dhingra, Jefe del Departamento de Español, de la
Escuela de Lengua, Literatura y Cultura de la Universidad Jawaharlal Nehru en Nueva Delhi. Asistieron
alrededor de 70 personas entre estudiantes, profesores y amigos. Durante la presentación, hubo
momentos de mucha emoción, tanto en el lado de las ponentes como en el público presente. Podemos
destacar la lectura, en Hindi, de una de las canciones creadas en homenaje a Monseñor. Su traductor
fue un alumno del postgrado del Departamento de Español llamado Rishi Kumar y la canción “Ay
Romero” de Manuel Contreras.



Comparto con ustedes la parte principal que me tocó desarrollar:

MONSEÑOR OSCAR ARNULFO ROMERO Y LA IGLESIA CATÓLICA

Buenos días a todos los presentes; como mi tema trata sobre Monseñor Romero y la Iglesia Católica,
quiero que sepan que la casi totalidad de los salvadoreños creyentes son cristianos, de los cuales la
gran mayoría son católicos. También les presento un pequeño organigrama de la jerarquía de la Iglesia
Católica para que puedan ubicar a Monseñor. Primero está el Papa quien es electo por el Colegio
Cardenalicio. El papa designa Obispos y Arzobispos en las diferentes diócesis de las naciones donde
se acoge la religión católica; y estas diócesis tienen a su cargo distintas parroquias donde ofician los
presbíteros y diáconos, y donde acuden los fieles laicos. “Monseñor” es un título honorífico que
concede el Papa a los Obispos y Arzobispos.

Históricamente, la designación del arzobispo en nuestra capital ha sido un acto de mucha trascendencia
para la nación. Algunas veces, se produce en medio de tensiones políticas y sociales; y siempre hay
consultas entre el Estado Nacional y el Vaticano.

La designación de Monseñor Romero como Arzobispo de San Salvador en febrero de 1977, ocurre en un
momento de profundos cambios para el país y para la Iglesia Católica como institución. Mis compañeras
han explicado el contexto político y económico de El Salvador; y en forma breve les explicaré que la
Iglesia Católica, a través del Concilio Vaticano II, las Encíclicas de los Papas y otros documentos, estaba
experimentando uno de los más profundos cambios desde el Concilio de Trento en el Siglo XVI.

Al respecto, señalaré algunas diferencias entre la nueva y la vieja Iglesia.

a) Antes, los sacerdotes consideraban que el mundo era un “valle de lágrimas” donde los
cristianos tenían que aceptar su situación, incluso si era injusta, para ganar la felicidad eterna. Después,
se proclama que el Reino de Dios debe empezar a construirse ahora, en las condiciones concretas de la
sociedad buscando la justicia.

b) Antes, los sacerdotes oficiaban los ritos de espaldas al pueblo y en Latín; después, frente a
los fieles, en la lengua nacional y buscando la participación de toda la congregación.

c) Antes, la Iglesia Católica rechazaba otras religiones; después, busca el acercamiento a ellas.

Ocurrieron muchos otros cambios de forma y de fondo dentro de la Iglesia durante la década
del sesenta.

Estas nuevas enseñanzas impactaron la Iglesia Latinoamericana. Los obispos de esta región se reunieron
primero en Medellín, Colombia, para desarrollar, profundizar, y adaptar la nueva visión de la iglesia
Católica a la situación de profunda injusticia que vivían sus pueblos. En los documentos oficiales afirman
la “opción preferencial por los pobres”.

Monseñor Romero en su última homilía hace referencia a estos cambios cuando dice: “Ya sé que hay
muchos que se escandalizan de estas palabras y quieren acusarla de que ha dejado la predicación del
evangelio para meterse en política, pero no acepto yo esta acusación, sino que hago un esfuerzo para
que todo lo que nos ha querido impulsar el Concilio Vaticano II, la Reunión de Medellín y de Puebla, no
sólo lo tengamos en las páginas y lo estudiemos teóricamente sino que lo vivamos y lo traduzcamos en
esta conflictiva realidad de predicar como se debe el Evangelio... para nuestro pueblo.”

En nuestro país, el gobierno militar y las familias económicamente poderosas , ejercieron fuertes
presiones al Vaticano para asegurarse que el nombramiento del nuevo arzobispo de San Salvador
recayera sobre una persona que respondiera más a la visión tradicional de la Iglesia, que a la nueva.
Pero al apoyar la candidatura de Monseñor Romero, se equivocaron porque no contaban con la
profunda espiritualidad de Oscar Arnulfo Romero Galdámez, con su fidelidad absoluta a la Iglesia
institucional, y con su inmensa humildad, que le permitirían acercarse y conocer los sufrimientos de los
pobres de su país.

Durante los tres años en que fungió como arzobispo de San Salvador, experimentó un proceso
gradual pero acelerado de lo que él llamaba “mi conversión”, a medida que recogía los cadáveres de
sus sacerdotes asesinados. Uno tras otro fueron cayendo, con sus pobres acompañantes; así también
uno tras otro campesino, maestros, comunidades enteras. La espiral de violencia iba cada día en
crecimiento; y Monseñor Romero iba muriendo con el dolor de su Iglesia, pero fortaleciéndose en su
puesto como Pastor, con el pueblo sufriente y con los evangelios y documentos de su institución.

Su figura se levantó por encima de un pueblo maltratado, que escuchaba cada domingo su HOMILIA
de una hora o más. Era la cita esperada, el programa de radio más escuchado en el país, en silencio,
con devoción. Su palabra era un grito a nuestras conciencias, su verdad nos acercaba como hermanos
salvadoreños; era nuestro padre, nuestro guía. Es así como se convierte en la voz de los sin voz.

Ante esta voz profética de Monseñor, y ante los apoyos que recibía a diario de políticos, religiosos,
religiosas, hombres y mujeres de la sociedad civil, los militares y poderosos en el país recurrieron a los
medios de difusión masiva para difamar al pastor: Lo insultaron, tergiversaron sus palabras, lo tildaron
de político comunista, lo amenazaron a muerte.

Entonces, Monseñor Romero se convierte en una roca, cada día más llena de amor, y sabe que no tiene
otro camino que recorrer, que su misión está junto al pueblo que sufre injustamente la represión. Su
sacrificio es un testimonio de amor que nos empujó y nos empuja a la reconciliación.

(Escribe María Ester Chamorro para apoyar la charla sobre Monseñor Romero en la Universidad
Jawaharlal Nehru en Nueva Delhi, India.)