miércoles, 4 de agosto de 2010

La justicia y los Derechos Humanos en el pensamiento de Monseñor Óscar Arnulfo Romero (II)

Escrito por:
Jaime Edwin Martínez Ventura
Abogado. Director de la ANSP
Diario Co Latino | www.diariocolatino.com
Miércoles, 24 de Marzo de 2010


I. La lucha por la justicia y por los derechos humanos

Monseñor Romero es sinónimo de lucha por la justicia y por el respeto de los derechos humanos. No cabe duda que en El Salvador no puede hablarse de la historia de la lucha por la justicia y por los derechos humanos sin hablar del pensamiento, la palabra, la vida, el ejemplo, la muerte y el legado ético de Monseñor Romero. Nadie más que él puede ser considerado como el mayor defensor de la justicia. Él, sin ser abogado, mucho antes de la creación de la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos (PDDH), también ha sido el más grande procurador de los derechos de la humanidad en nuestro país.

De hecho, su obra puede considerarse como el antecedente de la institucionalización de la PDDH en El Salvador, aunque sin la pretensión de igualársele a él que dejó todo, que arriesgó todo, que ofrendó todo, incluso su propia vida por la causa de la justicia, de la paz y del respeto de los derechos humanos encarnados en los más necesitados, en los más pobres.

Para Monseñor Romero, la lucha por la justicia y por los derechos humanos se tradujo principalmente en denuncia de la injusticia y de las violaciones generalizadas, perpetradas por diversos sectores durante uno de los períodos de mayor violencia política y social de nuestro país.

Siendo fiel a la opción preferencial por los pobres, su denuncia fue más fuerte en contra de la injusticia social y en contra de la concentración de la riqueza, tal como lo dijo en su homilía dominical del 12 de agosto de 1979:

“Yo denuncio sobre todo la absolutización de la riqueza. Ese es el gran mal de El Salvador: la riqueza, la propiedad privada como un absoluto intocable y ¡ay del que toque ese alambre de alta tensión, se quema! No es justo que unos pocos tengan todo y lo absoluticen de manera que nadie lo pueda tocar, y la mayoría marginada se está muriendo de hambre”.1

En su pensamiento, la Iglesia no podía callar ante la injusticia social; hacerlo significaría volverse cómplice de la injusticia, como lo expresó en su homilía del 24 de julio de 1977:

“La Iglesia no puede callar ante esas injusticias del orden económico, del orden político, del orden social. Si callara, la Iglesia sería cómplice con el que se margina y duerme un conformismo enfermizo, pecaminoso, o con el que se aprovecha de ese adormecimiento del pueblo para abusar y acaparar económicamente, políticamente, y marginar una inmensa mayoría del pueblo. Esta es la voz de la Iglesia hermanos.”2

Un mes después, en su homilía del 28 de agosto de 1977, Monseñor reafirma esta concepción de la Iglesia como voz denunciante, en una de sus portentosas expresiones que más han quedado grabadas para la posteridad, al decir:

“Queremos ser la voz de los que no tienen voz para gritar contra tanto atropello contra los derechos humanos”3

Tres años más tarde, en su homilía del 29 de julio de 1979, reafirma este pensamiento al expresar:
“Estas homilías quieren ser la voz de este pueblo, quieren ser la voz de los que no tienen voz. Y por eso, sin duda, caen mal a aquellos que tienen demasiada voz. Esta pobre voz que encontrará eco en aquellos que, como dije antes, amen la verdad y amen de verdad a nuestro querido pueblo.”4
Para Monseñor Romero la denuncia cobra vital importancia, pero no se trata de denunciar el pecado de la injusticia de manera general, abstracta, atemporal, como algo del pasado. Su voz denuncia la injusticia del presente y encuentra fundamento bíblico para hacerlo, tal como lo expresa en su homilía del 4 de diciembre de 1977, en la que dijo:

“La palabra de Dios, según San Pablo, tiene que ser una palabra que arranque de la eterna antigua palabra de Dios pero que toque la llaga presente, las injusticias de hoy, los atropellos de hoy(...) es la palabra como el rayo de sol que viene de las alturas e ilumina: ¿Qué culpa tiene el sol de encontrar, su luz purísima, charcos, estiércol, basura en la tierra? (...) La palabra de Dios también, hermanos, por una parte ilumina lo horrible, lo feo, lo injusto de la tierra y alienta el corazón bueno, los corazones que, gracias a Dios, abundan”5

Así como denunciaba la injusticia del presente, denunciaba también la actitud de referirse sólo a las injusticias del pasado sin comprometerse con la denuncia de las injusticias actuales. Para Monseñor esa no era una actitud digna de la Iglesia; era una táctica evasiva de la realidad contemporánea, de las injusticias presentes, algo así como mirar sólo a través de un espejo retrovisor e incluso iba más allá y reprochaba una actitud en la que podríamos incurrir algunos y algunas si no demostramos coherencia entre la evocación del ejemplo de Monseñor Romero y nuestras actitudes presentes:
“La Iglesia no es recuerdos, no es espejo retrovisor nada más.

La Iglesia va caminando hacia delante y necesita también perspectivas nuevas. Demos gracias que toda una tradición nos ha traído a este momento en que hay fe en el pueblo. ¡Benditos sean nuestros antecesores! Pero sepamos ser hombres del momento y sepamos reflexionar en lo de la semana, en lo del momento. Es que a muchos les interesa que no se ponga el dedo en la llaga, que no se mire lo presente; y así quisieran vivir de museos, de recuerdos, de comparaciones con obispos antiguos.”6

1Homilía 12 de agosto de 1979, “Monseñor Oscar A. Romero. Su Pensamiento”, volumen VII, p. 165.Colección Homilías y Diario de Mons. Oscar Arnulfo Romero, Publicaciones Pastorales del Arzobispado, 2a edición revisada, Imprenta Criterio, San Salvador, 2000
2Homilía 24 de julio de 1977, “Monseñor Oscar A. Romero. Su Pensamiento”, volumen I-II, p. 142, Op. Cit.
3Homilía 28 de agosto de 1977, “Monseñor Oscar A. Romero. Su Pensamiento”, volumen I-II, p. 192, Op. Cit.
4Homilía 29 de julio de 1979, “Monseñor Oscar A. Romero. Su Pensamiento”, volumen VII, p. 118, Op. Cit.
5Homilía 4 de diciembre de 1977, “Monseñor Oscar A. Romero. Su Pensamiento”, volumen III, p. 20, Op. Cit.
6Homilía 26 de noviembre de 1978, “Monseñor Oscar A. Romero. Su Pensamiento”, volumen V, p. 318-319, Op. Cit.