miércoles, 2 de junio de 2010

Por politización de la imagen de Romero Se atrasa santificación



El Diario de Hoy
Sábado, 20 de Marzo de 2010

El estudio y análisis de la causa de beatificación y canonización del arzobispo Oscar Arnulfo Romero, asesinado hace 30 años en San Salvador, prácticamente ha finalizado en el Vaticano, pero la Iglesia todavía no se pronuncia, esperando que en El Salvador "haya más calma y paz y que, lejos de fomentar las divisiones, Romero sea signo de unidad".
Luego de 10 años de estudios sobre la doctrina teológica y social de monseñor Romero, ahora falta que tres cardenales de la curia romana analicen el caso para que luego sea pasado al Papa Benedicto XVI; pero este último paso requiere un "nuevo impulso" de una carta, firmada por unanimidad por los miembros de la Conferencia Episcopal salvadoreña.
"Prácticamente está finalizado el proceso en Roma", insistieron los monseñores Jesús Delgado y Rafael Urrutia, los dos postuladores salvadoreños de la causa de Romero, entrevistados por separado por El Diario de Hoy.

"Ya ha habido un análisis de la ortodoxia y ha habido un análisis de la ortopraxis de monseñor Romero, y la Iglesia ha dicho que es obispo católico, su doctrina es ortodoxa y su ortopraxis es católica; la inspiración de la práctica pastoral es el Evangelio, el magisterio, no es una ideología", explica monseñor Urrutia, vicepostulador local de la causa.
Pero monseñor Vincenzo Paglia y el padre Mariano Imperato, postuladores de la causa en Roma, han pedido a la Conferencia Episcopal una carta en la que los obispos salvadoreños soliciten al Papa Benedicto XVI libere el proceso para que siga su rumbo normal. "Este es el paso que estamos esperando", dijo monseñor Urrutia.

 Varias fuentes cercanas a la Conferencia Episcopal, integrada por al menos diez obispos 
salvadoreños, sostienen que ya hay un borrador de la misiva que debe aún ser aprobado por los obispos salvadoreños. "Desde febrero de este año está la carta, y está en manos de monseñor Gregorio Rosa Chávez", confirmaron a El Diario de Hoy al menos dos obispos; sin embargo, no se pudo constatar el texto porque el Obispo Auxiliar está fuera del país.
Tal como lo señala monseñor Richard Antall, se trata de una carta que muestra el apoyo de los obispos salvadoreños a la causa; no es un requisito indispensable, ni mucho menos es suficiente para que continúa el proceso. No obstante, y esto es el fondo del asunto, muestra la disposición de los obispos para que siga y finalice el proceso de beatificación.
Un precedente
Como ejemplo, monseñor Antall hizo referencia a que los obispos italianos en un momento no dijeron nada para la beatificación de Pío IX, pero luego sí lo hicieron y posibilitó que la Iglesia lo declarara beato.
Monseñor Jesús Delgado, uno de los principales estudiosos de monseñor Romero, dice que el proceso "está prácticamente terminado; ahora lo que prevalece es el argumento de conveniencia".
¿A qué se refiere esto? --preguntó El Diario de Hoy a monseñor. Su respuesta fue: "No conviene canonizarlo porque un santo no es para canonizar divisiones sino para que la unión sea. Y por lo que veo en el Vaticano, y por lo que vemos en El Salvador, estamos viendo que estamos muy divididos".
Durante más de 10 años el Vaticano ha estudiado primero la doctrina teológica de Romero, luego la doctrina social y posteriormente sus escritos varios han sido analizados y evaluados por las autoridades en Roma, encontrando que se trata de un pensamiento cristiano, católico, apegado a la ortodoxia de la Iglesia.

Delgado y Urrutia también son claros en señalar que gran parte del proceso en Roma no "avanza" o "está detenido" mientras no exista en El Salvador un ambiente de mayor tranquilidad y tolerancia que permita que la elevación de Romero a los altares, lejos de provocar división y de abrir viejas heridas, provoque unidad y concordia.
Es más, el problema para la Iglesia es la utilización política que se hace de la imagen de monseñor Romero. Los partidarios de la teología de la liberación y los grupos políticos de izquierda latinoamericana, que ya han erigido al obispo asesinado como "San Romero de América", son los que obstaculizan que el proceso de beatificación continúe fluidamente.
El actual Nuncio Apostólico (embajador del Papa), Luigi Pezzuto, ha sido claro al sostener que "debería utilizarse menos la imagen o verla solamente desde el punto de vista religioso". Esto permitiría que el proceso de beatificación "caminara más rápido".
Mientras se siga utilizando políticamente la imagen de Romero, seguiría creando división y resquemor en la población y esto no permitirá que avance el proceso de beatificación.
Lo explicaba muy claro monseñor Antall, recordando que los mártires de la Guerra Civil de España no fueron beatificados hasta en los Años Setenta, más o menos 40 años después de los acontecimientos, cuando la sociedad española no estaba ya polarizada.
Al respecto, monseñor Delgado hace una autocrítica a la Iglesia al señalar que no ha sido lo suficiente eficaz y fuerte para que la izquierda latinoamericana "no nos quite a este santo, a este mártir, a este sacerdote que fue monseñor Romero".
Romero sacerdote

La "fama de martirio" y la devoción popular de la que goza el Siervo de Dios llevó a la Iglesia arquidiocesana a introducir su Causa o proceso de Canonización en 1994, con la esperanza de que la Iglesia declare oficialmente que monseñor Romero es mártir y con ello sea propuesto como modelo de santidad a todos los fieles cristianos y hombres de buena voluntad", dijo el ahora Arzobispo Emérito de San Salvador, Fernando Sáenz Lacalle, durante la homilía que pronunció hace 10 años, con motivo del 20o. aniversario del asesinato de Romero.
Entonces, Sáenz Lacalle expresó "el enorme deseo de que se logre cuanto antes su beatificación", asegurando que la oficina de Postulación (a cargo de los monseñores Delgado y Urrutia) se ha esforzado por presentar ante la Sagrada Congregación para las Causas de los Santos (en Roma) la "posición sobre el martirio que la Arquidiócesis tiene sobre el Siervo de Dios", lo cual ha hecho avanzar el proceso, pero tampoco se pueden ocultar las dificultades de la causa.
El arzobispo se refería, y en esto hace énfasis Sáenz Lacalle, a que "los procesos de beatificación y canonización son muy estrictos, que no están afectados por tendencias o presiones exteriores".
Monseñor Sáenz Lacalle se refería, sin tapujos, a la "manipulación" principalmente de los grupos ideologizados que tratan de convertir a Romero en una bandera de la lucha de los diferentes grupos de izquierda no sólo de El Salvador sino de América Latina.
"Casi todos los escritos que he leído hasta ahora sitúan al obispo que fue voz de los sin voz, en el contexto político de su tiempo, lo que no está mal; sin embargo, subrayan tanto este aspecto que terminan perdiendo de vista la dimensión propia de su personalidad, que fue la sacerdotal", dice el arzobispo Arturo Rivera Damas, ya fallecido, en el prólogo de la biografía de Romero, junto a quien trabajó directamente.
Monseñor Delgado, quien fuera secretario del arzobispo asesinado y uno de los principales estudiosos de Romero, es todavía más drástico y dice: "Ha habido un manipuleo, ha sido manipulado Monseñor Romero, sobre todo después de su muerte. Hay organizaciones no gubernamentales internacionales que se han lucrado, han sacado dinero para su lucro; muchos políticos se amparan en el Obispo, pero no creen en él".

Según Delgado, la vocación de Romero en su juventud se fue formando en el complejo tejido de su personalidad. Como ya lo apuntaba el poeta, tenía una salud enfermiza, afectos sin resolver desde su enfermedad precoz, cierta inseguridad síquica; enormes cualidades, inteligencia analítica; un intenso amor a la Virgen María; una total obediencia al magisterio de los papas. Ambas, devoción a María y "sentir con la Iglesia", unidas a su firmeza en la fe, compensaban la inseguridad que le venía de su afecto febril".
En un último libro sobre Romero, titulado "Así tenía que morir, Sacerdote", monseñor Delgado escudriña a partir de las fichas de estudiante del arzobispo asesinado "la interioridad" espiritual". En esta obra, cuya publicación coincide con los 30 años del asesinato de monseñor Romero, se recoge la espiritualidad preconciliar, donde se pone énfasis en la vida sacramental. La práctica religiosa tenía por centro su amor a Jesús, a la Virgen María y a la Iglesia. Desde muy joven fue gran observante de las prácticas religiosas, que nunca abandonó, incluso en sus últimos tres años de vida, en su práctica como arzobispo donde si bien es cierto jugó un papel importante como profeta, denunciando las injusticias de la época, fue un hombre sinceramente y profundamente religioso, se destaca.
"En él (Romero) hay una preocupación grande de evangelizar al pueblo de Dios para moverlo a la conversión y ese es, a mi juicio -dice monseñor Urrutia-, lo que le caracteriza". "Indudablemente esta caridad está nutrida por la vida de oración, por la vida sacramental que él tenía, por sus devociones privadas al Sagrado Corazón de Jesús, a la Virgen María, por su amor a la Iglesia", agrega.
"No podemos hablar, con una simplificación injusta, de la conversión de monseñor Romero en sus últimos tres años de vida arzobispal. El Siervo de Dios siempre vivió, desde sus primeros años de sacerdocio, su conversión como una experiencia de fe cristiana, con un profundo sentido de abandono en Dios y en la Iglesia de Cristo mediante una vida espiritual madura y profunda, radicada en la caridad pastoral, que es el camino específico de santidad para cualquier sacerdote", sostiene monseñor Sáenz Lacalle, quien también estuvo muy cerca de Romero y quien fuera su sucesor como arzobispo capitalino.